Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

• El costado sur de la plaza estaba marginado de portales, levantados en 1557 por Pedro de Armenta, comunes al pro o utilidad de esta ciudad 15 . En 1670 el terreno fue adqui- rido por Pedro de Torres, el vecino más acaudalado de la ciudad y dueño de la man- sión más lujosa de Santiago del siglo XVII, identificable por su portón de ciprés. Era propietario, además, de 19 variadas tiendas y un portal de 22 pilares de cal y ladrillo en un borde de la Plaza. Con la construcción de esta obra se unificó toda la fachada sur de la Plaza de Armas. Diez años después del desastre que produjo el t erremoto de 1730, Cristóbal Mesías, Conde de Sierra Bella, reconstruyó los portales con arquería de ladrillo en toda su extensión. • El costado oriente continuó siendo propiedad de los más destacados vecinos, quienes tenían en esa calle sus elegantes viviendas. En la repartición territorial de los conquis- tadores quedó asignado el costado oriente de la Plaza de Armas a Pedro de Miranda y Francisco de Aguirre, cuya propiedad pasó a manos de Andrés de Fuenzalida, cuando este se fue a pacificar la zona norte. Ya a fines de 1600 la manzana oriente se fragmentó en 4 solares. El que cayó en ma- nos de los Ruiz-Tagle se convirtió en el portal que llevaba su nombre. • El costado poniente seguía ocupado en su totalidad por la Catedral. En un principio los accesos del templo estaban dispuestos por el costado que linda con la calle que lleva su nombre. Fue reconstruida en 1748 -un año después del terremoto-, exacta- mente igual que la original. Esta obra, concluida por Toesca en 1780, tenía el ingreso principal desde la plaza. Mientras tanto, en el centro de la plaza se mantuvo la fuente de agua, primer elemen- to de diseño urbano en Santiago. Frente al portal Sierra Bella se levantaba, paralelo a las casas que ocupaban el sector oriente de la plaza, un amplio cobertizo de 180 varas de largo y unas 20 de ancho, que servía de mercado de abastos. Entre las casas (de Aldunate, de Cañas Trujillo y de los Ruiz-Tagle, que ocupaban el borde oriental) y el cobertizo, se trazó una arteria de 30 varas de ancho que llamaban Calle de los Baratillos. Y cómo no, si allí se verificaban las más convenientes compras por parte de los vecinos. El resto de la plaza era una superficie de 100 varas por lado, invadida de carretas y caballos, que la transformaban en el más inmundo de los chiqueros 16 . El cobertizo, que deshonraba la plaza, se mantuvo hasta 1821 en un ruinoso estado. Destacadas obras de la época fueron la Real Audiencia, el Monasterio de las Monjas Clarisas y el Portal Sierra Bella. • La Real Audiencia En 1607 se instaló la Real Audiencia en la Plaza de Armas, trayendo consigo un enorme cambio en las costumbres sociales de los santiaguinos. Por ser la represen- tación del Rey Felipe III, antes que un tribunal de justicia, la Real Audiencia pasó a ser la cuna de la aristocracia en Chile. Sus primeros miembros llegaron desde is René León Echaíz, Historia de Santiago de Chile, Tomo l: La Colonia, Imprenta Ricardo Neupert, Santiago, 1975, p. 86. 16 Carlos Peña Otaegui, óp. cit. , p. 235. 105

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