Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Ellos seguían batallando por sus tierras y destruyendo poblados en el sur del país. La tarea de pacificación todavía no llegaba a su fin. En 1548 las condiciones de vida seguían siendo precarias, la población no crecía y la sociedad no se consolidaba. Tampoco había medrado la actividad constructiva. Tan solo se mantenían seis o siete viviendas definitivas alrededor de la Plaza de Armas. LA PLAZA DURANTE LA COLONIA Peña Otaegui 9 , en su libro Santiago de Sígl.o en Síglo: comentario histórico e íconográfico de su Jormacíón y evolucíón en los cuatro sígl.os de su existencía, afirma que el siglo XVl marca la era de la fundación de Santiago. En ese periodo de grandes pruebas e infortunios, San- tiago se estableció como un poblado estable, con los límites demarcados por el trapecio primitivo. No fue sino hasta el siglo XVII que dio curso a su evolución, expansión y con- solidación 10 . Con la ayuda de Perú y gracias a los continuos refuerzos enviados por los gobernado- res a Santiago, la ciudad se pudo consolidar, reuniendo 500 habitantes españoles. Durante la Colonia el país quedó dividido en dos sectores debido al alzamiento in- dígena iniciado en 1598, que finalmente desencadenó la guerra de Arauco. Con la des- trucción de siete ciudades, los colonizadores comenzaron a buscar nuevas formas de asentamientos' 1 . La ciudad crecía y se consolidaban paulatinamente los barrios. Los marginales ten- dían a ser más precarios y deprimidos. Como consecuencia de la subdivisión de los sola- res, las calles secundarias se hacían más importantes, conforme las casas ofrecían fachadas hacia ellas. A comienzos del siglo XVII Santiago contaba con 200 casas, la mayoría de adobe. Las calles, en invierno, se convertían en intransitables lodazales. En ese entonces tenían lugar las tertulias en las grandes mansiones urbanas. La emergente aristocracia del pueblo abría paso a la vida social. Era dable reconocer, entonces, funcionarios españoles y criollos, ar- tesanos y, mayoritariamente, la plebe. Lorenzo de Abiesto, secretario del Presidente Lazo de la Vega, afirmaba, en 1634, que Santiago se componía de unos 5.000 vecinos, de los cuales 3.500 eran habitantes de origen español o mestizo. En paralelo con estas jerarquías reconocibles en la ciudad se producía una estratifi- cación rural en las haciendas, ya lejos del radio urbano: la capa más alta la constituían el hacendado (dueño de la hacienda) y su familia. Luego estaban los empleados de confian- za, los inquilinos y, finalmente, los peones e indígenas. Por su parte, las congregaciones religiosas comenzaban a contribuir con un rol social dentro de la población. Disponían, en sus conventos, de talleres y centros de formación 9 Carlos Peña Otaegui, óp. cit., p. 218. '° Carlos Peña Otaegui, óp. cit., p. 227. 11 Alfredo Bcnavides Rodríguez, La arquitectura en el Virreinato del Perú en la Capitanía General de Chile, Ediciones Ercilla, Santiago, 194 1, p. 145. 102

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=