Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

LA PLAZA A FINALES DEL SIGLO XVI Medio siglo después de la fundación de Santiago, su plaza seguía siendo una extensa superficie de tierra apisonada, que lucía un aspecto desolador. Allí solían reunirse los ve- cinos. Pero también se practicaban ejercicios militares y otros actos cívicos: ciertas cere- monias civiles y, cuando correspondía, los crueles ajusticiamientos. Había espacio, incluso, para el comercio de trianguez, al pastoreo de los animales y al aparcamiento de carretas. La plaza, al término de este siglo, estaba rodeada de construcciones. En torno a ella se levantaron, en adobe y luego en piedra, los edificios que albergaban los poderes de la conquista: el palacio del Gobernador, donde funcionaban la Cárcel, la Tesorería Real y el Cabildo en el costado norte, en el solar que fuera de Pedro de Valdivia, el cual finalmente fue vendido para sufragar los costos de la guerra 4 . Los edificios públicos se encontraban frágiles e inestables, pues el Cabildo, que en un principio funcionaba en Casa del Gobernador, era una construcción precaria con techo de paja. En 1550 existían, además de los edificios públicos, apenas siete casas levantadas jun- to a la Plaza de Armas. En el costado poniente de la plaza se encontraba un templo en construcción, contiguo al cementerio. En 1556 ya se encontraban dos casas en el costado sur de la plaza, otras dos en el costado oriente (una de ellas, de dos pisos, perteneciente a Francisco de Aguirre), y otras tres en los bordes nororiente, norponiente y surponiente. Hacia 1548 no había aún 40 manzanas pobladas. Recién en 1580 se completó la totali- dad de la traza urbana, propuesta en 1541. Cada manzana fue dividida en cuatro solares, adjudicando los dos del costado po- niente a la iglesia; los del oriente fueron asignados a Pedro de Miranda y a Francisco de Aguirre; y toda la franja norte a Pedro de Valdivia. La esquina norponiente, a su vez, fue entregada a Diego García de Cáceres, y la nororiente a Pero Gómez de la Oz. La esquina surponiente fue otorgada a Alonso de Escobar; el borde sur se dejó en po- der de Alonso de Escudero, quien, entre 1549 y 1552 levantó en su terreno una escuela de primeras letras; en 1554 vendió el terreno al Cabildo y, posteriormente, se fue a vivir a Angol. La esquina suroriente, por último, se otorgó a Gabriel de la Cruz. En este periodo la Plaza de Armas no era más que un enorme vacío, libre de construc- ciones y elementos ornamentales, solamente surcado por una acequia. Lugar de actividades contradictorias: a veces el espacio donde los soldados limpiaban sus armas y practicaban sus ejercicios castrenses; otras tantas era también el territorio apropiado para los encuen- tros sociales, en el que hombres y mujeres se dedicaban a pasear o a jugar a las cartas. En el costado sur de la Plaza de Armas se instaló el mercado en 1552. Por su parte, los edificios para el Cabildo, la Catedral y el Hospital del Socorro fueron erigidos solo a partir de 1578 5 . 4 s Leopoldo Castedo, Cttatro siglos en la historia de Santiago, Editorial Zig-Zag, Santiago, 1943, p. 194. Carlos Peña Otaegui, Santiago de siglo en siglo: comentario histórico e iconografico de su Jonnación y evolución en los cuatro siglos de su existencia, Editoria l Zig-Zag, Santiago, 1944, p. 317. 100

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=