Decantaciones. Política y democracia cultural: un diálogo global

Carla Pinochet Cobos 56 Más que ofrecer soluciones definitivas, configuran espacios críticos, deliberativos y reflexivos desde los cuales canalizar dichas contradicciones. En este marco, el significado de las obras no se concibe como cerrado o definitivo, sino como algo siempre en disputa, atravesado por el conflicto y la dife- rencia. Los artistas dejan de ser vistos como portadores de una inspiración universal y descontextualizada, para recono- cerse como sujetos creativos que interactúan, con fricciones, dentro de marcos sociales concretos. Las instituciones cultu- rales, por su parte, ya no ocupan el lugar de autoridades incuestionables, sino que se replantean como dispositivos de mediación que interrogan críticamente sus propios modos de operar. Finalmente, los públicos dejan de ser concebidos como consumidores pasivos de contenidos ya definidos, para convertirse en actores activos en la construcción de sentidos culturales compartidos. Descentrar, descentralizar y desculturizar la cultura Para concluir este ensayo, quiero detenerme en tres desafíos pendientes que invitan a profundizar en la ruta de la democracia cultural, permitiéndonos avanzar hacia una cultura descentrada . Al aludir al desplazamiento respecto de un centro cuya gravitación simbólica ya no resulta determi- nante, la idea de descentramiento permite también abordar algunas de las principales tensiones que configuran los actuales procesos culturales. Estas pueden organizarse en torno a tres ejes fundamentales: el poder, la descentralización y la transversalidad. Si bien estas cuestiones han sido amplia- mente exploradas en la literatura internacional sobre políticas culturales, mi interés aquí ha sido recuperar las formas parti- culares en que han sido conceptualizadas y debatidas desde América Latina, con el propósito de situar estas discusiones

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