Decantaciones. Política y democracia cultural: un diálogo global
Carla Pinochet Cobos 54 vida no tiene lugar: su entrelazamiento es condición necesaria para el ejercicio pleno de todos los derechos. Este enfoque ha permitido que, en varios países de la región, las políticas culturales se vinculen estrechamente con las agendas de soste- nibilidad y justicia social, reconociendo que, en muchos casos, proteger los derechos culturales implica también resguardar modos de vida en peligro de desaparición. Es importante subrayar que la participación cultural no constituye un aspecto menor ni prescindible; por el contrario, continúa siendo una demanda sentida y pendiente para numerosos colectivos en la región. En distintos escenarios, las instituciones encargadas de la gestión cultural han impulsado esfuerzos significativos para dotar de un enfoque participa- tivo a sus políticas, promoviendo una agenda orientada a la transformación social que ha insistido en repensar, de manera continua, los sentidos y las formas concretas de la participa- ción en el ámbito cultural. No obstante, los desafíos en este plano siguen siendo numerosos. Mi propósito no es mini- mizar el lugar que ocupa la participación en la concepción de democracia cultural, sino más bien señalar que, en muchos contextos latinoamericanos, el punto de partida ha sido la lucha por el reconocimiento del derecho a la diferencia, una condición que aún dista de estar plenamente garantizada. Por ello, una genealogía situada de la noción de democracia cultural en América Latina requiere necesariamente incor- porar esta dimensión como un elemento clave del análisis. Democracia cultural y disenso político Por otra parte, en el contexto latinoamericano, el derecho a la diferencia que impulsa la democracia cultural puede leerse en una doble dimensión: como reconocimiento de la diversidad y como apertura al disenso. La persistencia de
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