Decantaciones. Política y democracia cultural: un diálogo global

Carla Pinochet Cobos 52 transformación estructural del sector. A pesar de ello, artistas y gestores culturales continuaron desarrollando su trabajo con relativa continuidad. En este sentido, la gestión cultural en la región no puede entenderse como una simple adaptación del art management , sino que se sitúa preferentemente en un marco de acción política, más que en una lógica de eficiencia económica (Quiña, 2018). Nos detendremos a continuación en dos elementos distintivos de la democracia cultural situada desde América Latina. Ello nos llevará, por una parte, a la discusión en torno a los derechos culturales, que constituyen un verdadero reto para las democracias contemporáneas en tanto invitan a repensar sus fundamentos modernos. En segundo término, nos conduce a pensar la relación entre cultura y política, a la luz de una arraigada tradición de nuestro continente que vincula las artes con la defensa de las garantías democráticas. El derecho a la cultura Tradicionalmente, la legitimidad del poder democrático se articulaba en torno a la idea de un pueblo concebido como un cuerpo homogéneo, cohesionado y soberano. No obstante, la expansión del concepto de cultura, así como los marcos jurídicos que reconocen la pluralidad de sujetos y pertenen- cias, introducen un escenario más complejo: aquel en que ese “pueblo” se descompone en múltiples pueblos, diversos entre sí y portadores de identidades diferenciadas. A escala interna- cional, ha comenzado a consolidarse la tesis de que los dere- chos culturales contribuyen de manera decisiva al ejercicio de otros derechos sociales. En efecto, al fortalecer nuestra capacidad de identificarnos, de crear sentidos colectivos, de articular formas de convivencia y de incidir activamente en el entorno, los derechos culturales profundizan el ideario

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