Decantaciones. Política y democracia cultural: un diálogo global
Hacia una democracia cultural situada. Desafíos de las políticas culturales desde América Latina 51 tiempo que han funcionado como mecanismos de validación simbólica para las élites políticas y económicas. Mientras que en los países del llamado centro global se produjeron avances significativos en cuanto al acceso masivo a bienes culturales y a la formación ciudadana en el marco del proyecto moderno, en nuestra región estos objetivos han estado históricamente marcados por limitaciones estructurales. Las profundas desigualdades sociales que caracterizan al continente siguen reflejándose en los patrones de consumo cultural, que conti- núan concentrándose “en un segmento privilegiado de la población: los más educados, jóvenes y con mayores ingresos” (Peters, 2020: 182). No obstante este desfase en relación con los modelos europeos, América Latina ha estado activamente implicada en las discusiones globales sobre la transformación de los marcos de política cultural. Como ocurre en el ámbito museal — donde se han incorporado nociones contemporáneas sin aban- donar del todo las matrices heredadas del modelo europeo (García Canclini, 2010)—, también en las políticas culturales coexisten paradigmas superpuestos y aún en disputa, en los que la dimensión crítica y el compromiso político han tenido un rol central. Así, el paradigma de la democracia cultural ha adoptado formas propias en la región, expresadas en experien- cias como la animación sociocultural de los años setenta o, más recientemente, en la proliferación de iniciativas centradas en la gestión cultural comunitaria, como el movimiento de cultura viva comunitaria. En esta convivencia dinámica, aunque discontinua, las agendas locales han mantenido un diálogo —no siempre armónico— con las corrientes globales. El auge del discurso de las industrias creativas hacia fines de los noventa, por ejemplo, tuvo en América Latina una recep- ción desigual: más cercana a una estrategia discursiva —como en el caso de la llamada “economía naranja”— que a una
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