Un puñado de almendras

205 Las montañas parecen diosas imponentes que ligeras contemplan nuestra nimiedad, mientras con necedad despreciamos esa única virtud para aligerar la existencia En el tajo abierto que es el río confluyen el Yeso y el Maipo uno más transparente que el otro Al encontrarse forman un cauce y sus aguas se tornan verde opaco Imagino que a su paso arrastra minerales difíciles de memorizar acarrean sedimentos y uno que otro tesoro incubado en su interior En la orilla centelleante de las olas estás tú examinas la cúspide, sus relieves no sé si piensas en las alturas, en nuestra pequeñez o en el recuerdo de tu padre subiendo pedruscos

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