Un puñado de almendras

170 Leo a solas en el baño afuera las garras diminutas de la gata rasgan tozudas la puerta —ahora no, pequeña— aquí el moho escribe su propio idioma aferra su cuerpo a la cerámica transforma el blanco en ciénaga me arrugo la piel trazada por el remanso me sumerjo posición fetal bajo el agua los ojos inventan un paisaje difuso en este planeta el sonido es diferente intento escuchar la imitación de olas a la distancia ensayo una traducción de su lengua acuosa por fin braceo aterrizo abrazo al corazón materno

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