Un puñado de almendras
148 Una tempestad se aferra como nacimiento. Entiendes que, entre los pinos y su reino forestal, solo humea la frontera. Entiendes que, en cualquier momento, puedes ser tú baleada en la espalda. El único encuentro es este bosque y su verdad. Acá está la vuelta: esta parte se llama territorio. Mantengo los ojos abiertos, tomo un poco de aire. La tierra invisible del viaje es la recuperación. En esta vuelta, llevo a mis fantasmas, una fotografía velada en el tiempo. La intemperie me cobija en su oleaje.
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