Un puñado de almendras
104 Despiertas otra mañana: estás viva Sientes el calor de tus días una pulsión destructiva y te ves nuevamente subiendo la montaña Te acurrucas al sauce que llamaste con la ausencia de E l l a y al manojo de crisantemos que florecieron en esta misma fecha Entierras ahí toda ingenuidad Eres tú aislada en el arrecife prometiendo no volver a pensar en sus ojos hasta echar abajo este lado del estero y atravesar la arboleda codo a codo
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