Reordenamiento de los días
100 Oniria, la secreta estación del tiempo. Muy de madrugada me encuentro con los lamien —pu lamien— que traen enormes cargamentos de desconocidas palabras. Yo iré por las mías a la hora de la siesta: el cuerpo y la cabeza se alejan. Atrás quedará Quotidianía. Ahora llega sin bombos ni platillos, el viejo Sigmund con fastuosas valijas repletas de yo-es y ellos.
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