Gabriela Mistral y la Universidad de Chile

154 Gabriela Mistral y la Universidad de Chile Las artes, desde las llamadas bellas hasta las artesanías, sus pasos legíti- mos, se parecen al Ismael echado de la casa de Abraham y padre de clan infeliz, que tomaría el desierto por único derecho y adquiriría costumbre y modos de vagabundo, ciertos cinismos que son desesperaciones y cier- tos nihilismos que son áspera venganza. ¿Al Jacob guardado en la casa paterna, seguro y nutrido, no le haría nunca falta, pienso yo, ver en su mesa al nómade de cara curtida, sabio en estaciones y en vientos, donoso hablador, lindo compañero para los días y para las noches? Y las ciencias promovidas y celadas por la Universidad, el Jacob de esta metáfora: ¿no se amojaman, se apelmazan y se vuelven pesadas a la larga, sin tener el con- tacto, siquiera tardío, de las artes ágiles y excitadoras? Por otra parte, estas artes, echadas a la intemperie como los cabritos mascadores de café del cuento ¿no se banalizarán de brincar siempre y se afiebrarán de no mirar nunca la cara de las ciencias de pestañas fijas que piensan y hacen pensar? Unidad fortalecedora, unidad teológica, sea la frase de orden de nuestra empresa de cultura. Nada grande viviendo su grandeza puertas afuera de la Universidad; ninguna actividad con marcas espirituales echada de este regazo, labrado por el espíritu; nada que sea nacional viviendo desgajado y hambreado por su caída del tronco que se ha asignado el destino de sostener y de alimentar. No tomo yo actos como el presente con carácter de simple cortesía sino con el de invitación a una convivencia. Me asignan un lugar entre uste- des y pueden y deben señalarme obligación. Me gusta corresponder, si no pagar. Cuando la Universidad de Guatemala pasada la penitencia económica del momento pueda emprender unos estudios largos de la raza aborigen, los grandes mayas fundamentales, denme entre ustedes sitio de cronista enamorada del asunto; cuando la Universidad de Guatemala emprenda la divulgación de su literatura en el extranjero, denme materiales para coo- perar; cuando haga el recuento de la flora de su suelo entre la cual yo ando encandilada, y queriendo aprender algo, háganme llegar sus publicaciones botánicas, para que yo bien me informe y bien me aproveche.

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