Gabriela Mistral y la Universidad de Chile
153 CUARTA PARTE: 1924-1945 se parte en esencia y modalidades, en paternidad y en finalidades, y así se nos vuelve, querámoslo o no, teología. Dualidades no aceptaremos sino la fundamental de cuerpo y alma, de Es- tado y Universidad, que ya es en sí bastante tragedia esto de que tenga que separarse fatalmente en hemisferios el poder y el pensamiento, la realiza- ción y la concepción. Pero que vivamos a lo menos la unidad de la cultura nacional en forma aproximada a la que he anotado sumariamente. Los miembros de la vida espiritual de nuestros países andamos sueltos como las tribus que no han aprendido aún vertebración, y, por sueltos, desventurados y por desventurados, rebeldes, con no sé qué suicidio re- suelto en la cara. Los escritores —y ustedes honran en mí también eso— vivimos sin núcleo que nos afirme y nos sustenta, desconocidos por las patrias materiales que aceptan como suyos cerros y ríos, pero no sus realidades espirituales a las que declaran montón aéreo de palabras, como si de aire no vivieran ellas en la atmósfera que las viste; pintores y escultores andan en lo mismo, viviendo bajos motes de escupe-muros y amasa-monos, como si la luz que hizo una aparta de colores y una distribución de volúmenes en el paisaje, realizase cosa distinta de lo que ellos hacen, decorando el mundo para regalo de esos ojos apetitosos que son los del hombre; los músicos, fami- lia huérfana si las hay, viven mirados como maniáticos dulces, que están empezados en organizar la emoción común en duendes musicales, lo cual está muy bien para que hagan nuestro aire vivo y él no nos hastíe y por el hastío nos lleve al embrutecimiento. Perdónenme ustedes que esté haciendo una especie de lamentación de las artes desgajadas de las universidades nuestras, y que esta queja, delibe- radamente patética, yo la enderece en el claustro de una universidad que, tal vez, con la de México, es la que ha pecado menos que ninguna otra de nuestra raza por este capítulo. Un profundo sentido gremial hace que yo me vea siempre, en actos de esta índole, acompañada y seguida de la masa de mi gremio abandonado que me mueve a reclamar por él, a levantar petición justa por él mismo.
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