Gabriela Mistral y la Universidad de Chile
151 CUARTA PARTE: 1924-1945 influencia directora desde sobre la agricultura y las minas hasta sobre la escuela nocturna de adultos, incluyendo en su marco de atribución escue- las de bellas artes y de música. Suceso alguno espiritual acontecería en el territorio que no lo asistiera ella con su gran presencia; obra literaria maestra, invento industrial, sistema económico de investigación histórica alguna, aparecería en el país sin que ella se diese cuenta y tomase posesión de esas excelencias, ya sea con ca- rácter de autor, si el creador se nutrió de ella, o de ayudadora si el inventor vive fuera de su seno y, a lo menos, de honradora, si, desgraciadamente, ella fuera ajena a ese trabajo victorioso. Una sensibilidad de sismógrafo, un ojo sin pestañeo, de búho mitológico, haría de ella la pulsadora más delicada de la entraña nacional y la es- pectadora más conmovida del acontecimiento intelectual; una conciencia riquísima de ceiba de cien brazos, capitana del horizonte, la haría respon- dedora de las más diferentes actividades, y cierta universalidad de Iglesia —que eso es de hecho— la obligaría hacia todas las clases por iguales partes y hacia los obreros realizadores de las cosas. (Porque ella sería de veras eso que sólo ha sido en la metáfora; el taller donde cada hombre de manos válidas tiene su ficha, su cédula y su asiento). Madre se llamaría entonces con razón a la Universidad, porque, cual más, cual menos, todos habríamos vivido un tiempo sentados en su matriz de hacer y de cubrir, y nuestras facultades no recordarían en su forma la presión que nos contor- nee, y nuestro trabajo echaría, como la naranja da el olor de su tronco, al ser la fragancia confesadora de su origen. Diferentes como los hijos, téc- nicos, industriales, investigadores, artistas y obreros rasos, el enfilarnos como a los hijos de Hécuba, nuestros rostros o nuestra apostura dirían en tal dejo de la voz o tal giro del pensamiento, el origen común, y la gran proclamada, la gran declarada, estaría feliz de pasar su mano del primero al último, en un ademán de inspección o de recuento, y, como Hécuba, ella nos sabría individualizados y genéricos al mismo tiempo y hechos el bloque fuerte que se llama una casta. Quebrantada la dirección religiosa del mundo, creado el sentido absoluta- mente laico de la vida, para mal o bien, no lo sabemos aún, dos potencias
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