Gabriela Mistral y la Universidad de Chile
150 Gabriela Mistral y la Universidad de Chile Cualquier americano que aspire a hacerse una conciencia de tal, cualquier hombre o mujer del Sur que se dedica a tomar posesión de la raza en to- talidad, aquí ha de venir, como yo he venido, a la Guatemala de Quiriguá, a hacer en sus piedras santas la turbadora averiguación del alma maya, y a rematar en la bella ciudad colonial que es la vuestra, su colección de las ciudades españolas próceres de la América, comenzada en la Lima y el México monumentales. Mis amigos, una leyenda me traigo yo entre otras con que cargo sin nin- guna gana, y es la de enemiga de la universidad en cuanto a amiga de la instrucción popular. Nuestra mente enviciada en parcialidades antagóni- cas, poco gustosa de las unidades conciliadoras, cree ver en nosotros, los sarmientanos, en Vasconcelos o en mí, el odio de la cultura superior con- trabalanceando un amor apasionado de la escuela primaria. La ocasión es propicia para esclarecer un estado de conciencia que no se han dado el trabajo de observarme antes de definirme y ustedes me perdonarán el que yo aproveche para ello la excelente oportunidad. En nuestra raza los hombres rara vez se yuxtaponen a los hechos y son fre- cuentes los bautizos fraudulentos o cuando menos engañosos. Por eso los que casamos los nombres para punzar en los contenidos, solemos negar el cuerpo bautizado, y nuestra negación no corresponde a un deseo de aplas- tar la cosa como criatura, sino de querer que ella se eleve rotundamente a la categoría del nombre a fin de que lo lleve con una mediana legitimidad. De este modo, yo creo en la Universidad como en una institución tan ancha y tan profunda, tan soberana de las tres dimensiones, que suelo no aceptar como tales a las universidades empequeñecidas que gobiernan no más de cuatro parcelas de la cultura nacional, cultivando, por ejemplo, las ciencias sin las industrias o éstas sin las artes. La Universidad, para mí, carga a cuestas el negocio espiritual entero de una raza; ella constituye respecto de un país algo parecido a lo que los egipcios llamaban el doble del cuerpo humano, es decir, un cuerpo etéreo que contiene las facciones y los miembros completos del cuerpo material. La Universidad para mí, sería la doble moral de un territorio y tendría una
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