Gabriela Mistral y la Universidad de Chile

145 CUARTA PARTE: 1924-1945 estudiante puertorriqueño Pedro Juan Labarthe. Con la ayuda de Palma Guillén —quien seguía en Francia—, Mistral intentó establecer una agencia de “Información de la América Española en los Estados Unidos”, similar a la que había existido en París, pero finalmente no resultó. Sin embargo, publicó dos artículos traducidos al inglés en revistas de amplia circulación. Entre febrero y abril de 1931, Gabriela Mistral enseñó como visiting lecturer en el Vassar College, en Poughkeepsie, a tres horas al norte de la ciudad de Nueva York. Aquí prefería las clases más bien íntimas, enseñan- do, como ella indicó en varias cartas, a “las hijas de Wall Street”. Cuando la primavera estalló en flor por los árboles del río Hudson, aceptó viajar a Washington D.C., donde el 14 de abril volvió a la Unión Panamericana, institución que hoy corresponde a la Organización de los Estados Ame- ricanos (OEA). Allí ofreció la optimista conferencia “Voto de la juventud escolar en el Día de las Américas”. Posteriormente, el 25 de mayo de 1931, Mistral viajará a la isla cari- beña de Puerto Rico, donde pronunciará su discurso de entrega de grados en la universidad homónima de ese país, en la ciudad de Río Piedras, bajo el título “El sentido de la profesión”. En su discurso aconsejaba a sus estu- diantes vivir conformes a la enseñanza de Gracián: “a vivir la pasión de los conceptos no como un juego… sino como un interés radical en la vida y en el ministerio del escribir”. Este texto revela la profunda valoración que Gabriela Mistral otorgaba al papel de las universidades en la vida política y cultural, y en la formación continua de ciudadanos responsables y compro- metidos. Señaló también que “la ceremonia de este día, amigos graduandos, es más una confirmación que un bautismo; la confirmación pública de la vocación humanística recibida hace seis años”. Y agregó que más importan- te que el mismo acto público de la graduación, era el momento íntimo en que los estudiantes decidieron la profesión u oficio que adoptaron, “cuando respondieron al Maestro de los Oficios con el santo apelativo profesional: ingeniero, médico, químico, profesor o abogado”. Para Mistral, la única exi- gencia realmente fundamental era “el cumplimiento perfecto de nuestro menester. Me parece muy probable que la sola exigencia que debamos ha- cernos a nosotros mismos y la sola que deban los demás hacer pesar sobre nosotros, sea ésta del desempeño cumplido y leal de nuestra profesión” 188 . 188 Gabriela Mistral, El sentido de la profesión [manuscrito], Archivo del Escritor, Biblioteca Nacional de Chile, https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-139275.html.

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