Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro
83 igualdad y no discriminación es una actitud ética esperable desde el enfoque de derechos humanos. La dignidad, en este sentido, señala un estándar moral y opera como una suerte de superprincipio que, junto con proporcionar el fundamento de las instituciones jurídicas y sociales, indica la dirección hacia la cual debe tender la sociedad en general, así como nuestras actitudes y conductas individuales, en particular. De modo que, si con la dimensión jurídico-normativa de los derechos hu- manos hacemos referencia al componente objetivo de la dignidad, esto es, al valor intrínseco que la sociedad reconoce a cada ser humano, en el caso de los derechos humanos como estándar moral se alude al componente subjetivo de la dignidad, es decir, al valor inherente que cada uno de nosotros reconoce en sí mismo. Ello refiere a que cada uno de nosotros y nosotras nos reconocemos como personas y no como cosas, como sujetos y no objetos, por lo que espe- ramos ciertas actitudes y comportamientos de parte de los demás. En esta dimensión subjetiva de la dignidad, estamos en el ámbito de las actitudes y conductas que pueden ser percibidas como respetuosas hacia el valor único e irrepetible de cada persona o, por el contrario, de desprecio hacia la dignidad propia o ajena. En consecuencia, los derechos humanos en su dimensión ética reconocen principios orientadores del actuar, para que el trato entre las personas sea res- petuoso y atento, de modo que nadie sienta su dignidad afectada, amenazada, degradada o directamente vulnerada. La dimensión ética de los derechos hu- manos reconoce un conjunto de valores que permean la cultura y que orien- tan el comportamiento social. Sin embargo, para el Nunca Más no bastan el deber de memoria, el estudio y comprensión de los fenómenos de la violencia, y la dimensiones jurídicas y éticas de los derechos humanos. Se requiere que exista una dimensión mo- vilizante, que otorgue agencia y responsabilidad a cada uno de nosotros, de forma individual y colectiva. A esa dimensión apuntó Eleanor Roosevelt en su respuesta a la pregunta ¿dónde empiezan los derechos humanos?: «En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco sig- nifican nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para
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