Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro

81 los actores, estos pueden incluso tender a olvidar el origen del conflicto y las causas de la rivalidad inicial. 9 Así, va generándose una suerte de purificación de la disputa que expulsa las razones externas a su propio fluir, generando una fascinación mutua entre los rivales sujetos a la producción de la violencia, que se ponen en juego dentro del nuevo contexto creado por sus propias acciones. La violencia, en este sentido, adquiere un carácter fundacional. Mirar la dinámica de la violencia, una vez esta se desata, nos lleva a poner atención no solo al papel que cumplieron «perpetradores» y «víctimas», sino al rol que nos cupo a la población en general en la producción conjunta de ella. A poco más de 50 años del Golpe, este es un aspecto a considerar en los análisis, pues la pregunta que se abre es respecto del rol que estamos dispues- tos a jugar hoy ante nuevos escenarios cruzados por la violencia: ¿seremos testigos pasivos de ella, nos plegaremos a su producción o, como fue el caso del Comité Pro Paz y la Vicaría de la Solidaridad, tomaremos un rol activo para registrarla, modularla, detenerla y acaso evitarla? La pregunta es reflexiva: en su respuesta nos reflejamos a nosotros mismos y lo que queremos llegar a ser como personas y como sociedad. Es el papel de la memoria social del Golpe y la dictadura que le advino: se trata de no de- jarlo de poner en común, estudiarlo, analizarlo y pensarlo para intervenir en nuestro presente, de modo que el Nunca Más no sea solo una consigna, sino un modo de ser de la sociedad toda, de la que cada uno de nosotros y nosotras es también diariamente responsable. Los derechos humanos como marco jurídico, político y valórico Para que el Nunca Más sea posible, la memoria de lo acontecido e incluso su análisis, estudio y comprensión, aun siendo fundamentales, no bastan. Se re- quiere de un marco jurídico, político y valórico común que ponga en el centro la igual dignidad de las personas, cuyo respeto sea exigible, esto es: que haya sujetos o titulares de derechos y sujetos de obligación. Esto es lo que permitió movilizar y poner en acto el texto de la Declaración Universal de Derechos Hu- manos. Desde ella, y con ella, la noción de dignidad humana ha operado como principio de orden jurídico, político y como estándar moral. Cuando hablamos de lo que se debe garantizar poder hacer y lo que está prohibido, de acuerdo al valor inherente que la sociedad le reconoce a cada ser humano, hacemos referencia al componente objetivo de la dignidad, esto 9 René Girard, La violencia y lo sagrado (Anagrama, 1998).

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