Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro
238 mente los desafíos que plantea el desplazamiento inducido por los desastres climáticos, por ejemplo. La movilidad es un derecho humano. Sin embargo, a partir del auge a es- cala mundial del neoliberalismo —una etapa incluso más intensa que lo estu- diado respecto del capitalismo tardío y de la que Chile conoce muy bien sus causas y efectos— y del neofascismo —del que Chile también conoce sus cau- sas y efectos crueles—, este derecho cada vez se ha visto más restringido, vio- lado e invisibilizado. Los Estados y sus democracias representativas fallidas no han sido capaces de avanzar hacia estructuras y formas de representación y organización que posibiliten desplazamientos que resguarden la seguridad humana. Es más, en su mayoría asisten y promueven un orden en el que los despojados quedan fuera, marginalizados y utilizados: trabajos precarizados; vidas sin seguridad alimentaria, sin derechos sociales, políticos, culturales ni económicos; caos burocrático, fronteras físicas y simbólicas cada vez más so- fisticadas; monedas de cambio con fines electorales. Si bien en Chile la Ley N° 21.325 y la PNME representan importantes avances, los persistentes desafíos de la migración irregular, la discriminación y la garantía de un acceso efectivo a los derechos y servicios requieren una atención continua, una implementación sólida y una evaluación constante. Abordar las preocupaciones planteadas por las organizaciones de derechos humanos con respecto a los cambios legislativos propuestos también es cru- cial para evitar un retroceso en la protección de los derechos de los migrantes. La brecha entre la política y la práctica debe ser monitoreada y abordada continuamente. Las futuras orientaciones para Chile deberían centrarse en el fortaleci- miento del sistema de asilo, la lucha contra la xenofobia mediante campañas de educación y concienciación pública, la garantía de un acceso efectivo a la justicia y a recursos para los migrantes que sufren violaciones de sus dere- chos, y la promoción de una integración social y económica genuina. También es esencial una mayor cooperación regional para abordar las causas profun- das de la migración y garantizar una movilidad segura y ordenada. En de- finitiva, se necesita un enfoque multifacético, intersectorial y, por supuesto, interseccional, que involucre reformas legales, implementación de políticas y participación social.
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