Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro
213 camente gracias a elementos europeos e indígenas. 20 Sin embargo, todas estas aseveraciones no pueden estar más alejadas de la realidad. Aunque en Chile lo africano no está presente en el mismo grado de otros países latinoamericanos, negar su influencia es un lamentable desacato para nuestra historia e identi- dad como pueblo. 21 Está tempranamente documentado que nuestra música y baile nacional, la cueca, tiene indudables rasgos africanos en su conforma- ción. 22 Y este no es un acontecimiento aislado ni mucho menos fortuito. Como todas las naciones de este continente, la nuestra está forjada por innumerables cruces étnicos y culturales, que no pueden negarse. Chile es un país mestizo y dentro de su mestizaje encontramos al africano presente. Esta profunda invisibilidad fue el punto de partida de las organizaciones afrochilenas, cuyo trabajo ha dado paso a un movimiento político, social y cultural por la defensa de los derechos de los afrodescendientes chilenos, que busca incidir en las políticas públicas para las futuras generaciones de afro- descendientes. A través de sus gobiernos, ministerios, secretarías regionales ministeriales (SEREMIS) y otras instituciones, el Estado debe crear y tener disposiciones para eliminar todos los obstáculos que impiden el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales de los afrodescendientes. Así como el Estado tiene la obligación de adoptar y aplicar medidas especiales destinadas a poner fin a la discriminación racial, el pueblo afrodescendiente chileno tiene derecho a participar en la formulación y aplicación de estrate- gias nacionales para su pleno desarrollo. Las organizaciones del pueblo afrodescendiente en Chile han tenido logros que son significativos a la hora de interactuar con el Estado y la sociedad civil en general, los que se pueden evaluar a nivel local, nacional e internacional. A nivel de la región de Arica y Parinacota, se pueden destacar los siguientes: 20 En buena medida este rumor se ha alimentado de autores decimonónicos que están en la base de nuestra historiografía nacional, quienes, si bien no negaron la presencia africana y afrodescen- diente, sí minimizaron su influencia (como Diego Barros Arana en su Historia general de Chile ) o afirmaron su rápida desaparición de nuestra sociedad, dada su supuesta inferioridad física y moral (como señala Francisco Encina en su Historia de Chile ). 21 En el siglo xx son clave los siguientes trabajos historiográficos que, junto con reafirmar la presencia de africanos y afrodescendientes en Chile, caracterizan cuantitativa y cualitativamente a este grupo social: Domingo Amunátegui Solar, «La trata de negros en Chile», Revista Chilena de Historia y Geografía 48 (1922): 25-40; Gonzalo Vial Correa, El africano en el Reino de Chile. Ensayo histórico – jurídico (Instituto de Investigaciones Históricas PUC, 1957); y Rolando Mellafe, La introducción de la esclavitud negra en Chile: tráfico y rutas (Universidad de Chile, 1959). 22 José Zapiola, Recuerdos de treinta años: 1810-1840 (Ercilla, 1932).
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