Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro
106 En consecuencia, en relación con el derecho/deber a la memoria, vemos que en democracia no ha habido una política pública integral seria para re- construir la memoria y preservarla para el futuro. Los sitios de memoria han sido sostenidos exclusivamente por el esfuerzo de las víctimas y sus organiza- ciones. Como hemos señalado, solo muy tardíamente se ha desarrollado una política de reconocimiento oficial de los sitios y no se ha hecho prácticamente nada en materia de archivos. No parece extraña esta falta de esfuerzos esta- tales en materia de memoria cuando el modelo se basaba en la impunidad. La memoria es, precisamente, la antítesis de la impunidad; la memoria es molesta en un contexto de silencio y olvido impuesto desde el poder. De ahí que no sea casual que, en el contexto de los 30 años de transición, se ataque a las víctimas y los sitios de memoria, que resurjan voces que reivindican las violaciones de derechos humanos 72 o que se proponga «contextualizarlas»: 73 todos aquellos son componentes de una política destinada a relativizar las violaciones de derechos humanos y abrir pasos a la impunidad. Estas son nuevas formas de «negacionismo» que siempre han estado presentes, pero que ahora se expresan públicamente y sin vergüenza. Reformas institucionales (garantías de no repetición) Finalmente, un aspecto fundamental para los procesos de transición es la construcción de un sistema institucional que permita un desarrollo democrá- tico basado en derechos humanos. En dicho proceso se deben establecer cier- tos objetivos mínimos: incorporación de la normativa internacional en el ám- bito interno; políticas públicas destinadas a superar situaciones de exclusión y discriminación que afectan históricamente a sectores relevantes de las so- ciedades nacionales iberoamericanas; e impulsar la reforma institucional para lograr mejoras en materias de transparencia y lucha contra la corrupción. Una cuestión que ha generado cierta polémica son las medidas tendientes a excluir 72 Los homenajes a criminales de lesa humanidad, así como las declaraciones de diputados y dirigen- tes políticos de derecha reivindicando a los violadores de derechos humanos, han dejado de ser hechos aislados para convertirse en acontecimientos permanentes. 73 El caso más emblemático es el ex ministro de las Culturas y las Artes del segundo gobierno de Se- bastián Piñera, Mauricio Rojas, quien en 2018 debió renunciar a las pocas horas de ser nombrado por sus desafortunadas apreciaciones sobre el Museo de la Memoria como un «montaje» de la izquierda y la necesidad de «contextualizar» las violaciones de derechos humanos.
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