Lagar
33 Ayudadores A María Fernanda de Mélida Mientras el niño se me duerme, sin que lo sepa ni la tierra, por ayudarme en acabarlo sus cabellos hace la hierba, sus deditos la palma-dátil y las uñas la buena cera. Los caracoles dan su oído y la fresa roja su lengua, y el arroyo le trae risas y el monte le manda paciencias. (Cosas dejé sin acabar y estoy confusa y con vergüenza: apenas sienes, apenas habla, apenas bulto que le vean). Los que acarrean van y vienen, entran y salen por la puerta trayendo orejitas de «cuye» y unos dientes de concheperla. Tres navidades y será otro, de los tobillos a la cabeza: será talludo, será recto como los pinos de la cuesta.
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