Lagar

185 grandes cervices nocturnas tercas de fidelidad. Las dos volvieron el rostro para no mirar a Cam, pero en oyendo sus nombres las dos vuelven por salvar. No son mirajes de arenas; son madres en soledad. Dieron el flanco y la leche, y se oyeron renegar. Pero por si regresásemos nos dejaron en señal los pies blancos de la ceiba y el rescoldo del faisán. Vamos, al fin, caminando ¡Montegrande y el Mayab! Cuesta repechar el valle oyendo burlas del mar. Pero a más andamos, menos se vuelve la vista atrás. La memoria es un despeño y es un grito el recobrar. Piedras del viejo regazo, jades que ya van a hablar, leños al soltar la llama en mi aldea y el Mayab: solo estamos a dos marchas y alientos de donde estáis.

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