Lagar

129 Madre mía I Mi madre era pequeñita como la menta o la hierba; apenas echaba sombra sobre las cosas, apenas, y la tierra la quería por sentírsela ligera y porque le sonreía en la dicha y en la pena. Los niños se la querían, y los viejos y la hierba; y la luz que ama la gracia, y la busca y la corteja. A causa de ella será este amar lo que no se alza, lo que sin rumor camina y silenciosamente habla: las hierbas aparragadas y el espíritu del agua. ¿A quién se la estoy contando desde la tierra extranjera? A las mañanas la digo para que se le parezcan: y en mi ruta interminable voy contándola a la tierra.

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