Tala

96 Isla en caña y cafés apasionada; tan dulce de decir como una infancia; bendita de cantar como un ¡hosanna! Sirena sin canción sobre las aguas, ofendida de mar en marejada: ¡Cordelia de las olas, Cordelia amarga! Seas salvada como la corza blanca y como el llama nuevo del Pachacámac, * y como el huevo de oro de la nidada, y como la Ifigenia, viva en la llama. Te salven los arcángeles de nuestra raza: Miguel castigador, Rafael que marcha y Gabriel que conduce la hora colmada. * Dios máximo de los quechuas.

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