Tala
78 maíz de fuego no comulgado, por el que gimen las gargantas levantadas a tu viático; corriendo vas por los azules estrictos o jesucristianos, ciervo blanco o enrojecido siempre herido, nunca cazado… Sol de los Andes, cifra nuestra, veedor de hombres americanos, pastor ardiendo de grey ardiendo y tierra ardiendo en su milagro, que ni se funde ni nos funde, que ni devora ni es devorado; quetzal de fuego emblanquecido que cría y nutre pueblos mágicos; llama pasmado en rutas blancas guiando llamas alucinados… Raíz del cielo, curador de los indios alanceados; brazo santo cuando los salvas, cuando los matas, amor santo. Quetzalcóatl, padre de oficios de la casta de ojo almendrado, moledor de añiles y cañas y tejedor de algodón cándido. Los telares indios enhebras con colibríes alocados y das las grecas pintureadas al mujerío de Tacámbaro.
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