Tala

44 Paraíso Lámina tendida de oro, y en el dorado aplanamiento, dos cuerpos como ovillos de oro. Un cuerpo glorioso que oye y un cuerpo glorioso que habla en el prado en que no habla nada. Un aliento que va al aliento y una cara que tiembla de él, en un prado en que nada tiembla. Acordarse del triste tiempo en que los dos tenían tiempo y de él vivían afligidos. A la hora de clavo de oro en que el tiempo quedó al umbral como los perros vagabundos…

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