Tala
35 La memoria divina A Elsa Fano Si me dais una estrella, y me la abandonáis, desnuda ella entre la mano, no sabré cerrarla por defender mi nacida alegría. Yo vengo de una tierra donde no se perdía. Si me encontráis la gruta maravillosa, que como una fruta tiene entraña purpúrea y dorada, y hace inmensa de asombro la mirada, no cerraré la gruta ni a la serpiente ni a la luz del día, que vengo de una tierra donde no se perdía. Si vasos me alargaseis, de cinamomo y sándalo, capaces de aromar las raíces de la tierra y de parar al viento cuando yerra, a cualquier playa los confiaría, que vengo de una tierra en que no se perdía. Tuve la estrella viva en mi regazo, y entera ardí como un tendido ocaso. Tuve también la gruta en que pendía el sol, y donde no acababa el día.
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