Tala
203 y en avenida bajaron la puerta que parecía ensangrentada. La ciudad se levanta tarde y la pobre no sabe nada. Van los hijos dejando las calles; entran al campo a risotadas... Llegan a su tronco, suben en silencio, entran al estuche de Madre Granada, y tan callados se quedan en ella como la piedra de la Kaaba. Madre Granada despertose llena de su millón rojo y sencillo; se balanceó por estar segura; pulsó su pesado bolsillo. Y como iba contando y contando, de incredulidad, la Madre Granada, estallaron en risa los hijos y ella se partió de la carcajada. La granada partida en el huerto era toda una fiesta incendiada. La cortamos, guardando sus fueros a la coronada... La sentamos en un plato blanco, que asustó su rojez insensata. Me ha contado su historia, que pongo en rojo escarlata.
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