Tala

177 Montaña Hijo mío, tú subirás con el ganado la montaña. Pero mientras yo te arrebato, yo te llevo sobre mi espalda. Apuñada y negra la vemos como mujer enfurruñada; vive sola de todo tiempo, pero nos ama la montaña, y hace señales de subir y tira gestos con que nos llama… Trepamos, hijo, los faldeos, llenos de robles y de hayas. El viento junta ramas y hierbas y balancea la montaña, y van los brazos de tu madre abriendo grandes moños de zarzas. Mirando al llano, que está ciego, ya no vemos río ni casa. Pero tu madre sabe subir, perder la tierra, y volver salva. Pasan las nieblas en trapos rotos; se borra el mundo cuando pasan. Subimos tanto que ya no quieres seguir y todo te sobresalta. Pero del alto Pico del Toro, nadie desciende cuando lo alcanza.

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