Tala

170 Ando en el trance de mostrarlo a las cosas, una por una, y las mujeres se me ríen del sacar niño de la cuna, aunque viven a lluvia y aire la granada con la aceituna. Cuando ya estamos de regreso a la casa de nuez oscura, yo me pongo a rezar al mundo, como quien punza y lo apresura, para que el mundo, como madre, sea loco de mi locura, ¡y que salte del mismo gozo que el niñito de mi cintura!

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