Tala

155 La tierra y la mujer A Amira de la Rosa Mientras tiene luz el mundo y despierto está mi niño, por encima de su cara, todo es un hacerse guiños. Guiños hace la alameda con sus dedos amarillos y tras de ella vienen nubes con piruetas de cabritos. La cigarra, al mediodía, con el frote le hace guiño y la maña de la brisa guiña con su pañalito. Al venir la noche hará guiño socarrón el grillo y en saliendo las estrellas, me le harán sus santos guiños. Yo le digo a la otra madre, a la llena de caminos: «Haz que duerma tu pequeño para que se duerma el mío». Y la muy consentidora, la rayada de caminos, me contesta: «Duerme al tuyo para que se duerma el mío».

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