Tala

151 Palomas En la azotea de mi siesta y al mediodía que la agobia, dan conchitas y dan arenas las pisadas de las palomas… La siesta blanca, la casa terca y la enferma que abajo llora, no oyen anises ni pespuntes de estas pisadas de palomas. Levanto el brazo con el trigo, vieja madre consentidora, y me canta y me reverbera el cuerpo lleno de palomas. Todavía tres me sostengo y les oigo la lucha ronca, hasta que vuelan aventadas y me queda paloma sola… Ya no oigo voces que llaman, no sufro siesta que sofoca: ¡epifanía de mi falda, paloma, paloma!

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