Tala
140 Leñador Quedó sobre las hierbas el leñador cansado, dormido en el aroma del pino de su hachazo. Tienen sus pies majadas las hierbas que pasaron. Le canta el dorso de oro y le sueñan las manos. Veo su umbral de piedra, su mujer y su campo. Las cosas de su amor caminan su costado y las que nunca tuvo le hacen como más casto, y el muy dormido, duerme sin nombre, como un árbol. El mediodía punza lo mismo que venablo. Con una rama fresca la cara le repaso. Se viene de él a mí su día como un canto y mi día le doy como pino cortado. Regresando a la noche, por ceguedad del llano, oigo gritar mujeres
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