Tala
115 VI Cuando sueño la cordillera, camino por desfiladeros, y voy oyéndoles, sin tregua, un silbo casi juramento. VII Veo al remate del Pacífico amoratado mi archipiélago, y de una isla me ha quedado un olor acre de alción muerto… VIII Un dorso, un dorso grave y dulce, remata el sueño que yo sueño. Es al final de mi camino y me descanso cuando llego. Es tronco muerto o es mi padre, el vago dorso ceniciento. Yo no pregunto, no lo turbo. Me tiendo junto, callo y duermo.
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