Ternura

37 arreglábanle las pajas; y el enjambre de los mirlos era un velo palpitante sobre el recién nacido... Y la Virgen, entre cuernos y resuellos blanquecinos, trastrocada iba y veía sin poder tomar al Niño. Y José llegaba riendo acudir a la sin tino. Y era como bosque al viento el establo conmovido...

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