Ternura
24 Dormida Meciendo mi carne, meciendo a mi hijo, voy moliendo el mundo con mis pulsos vivos. El mundo, de brazos de mujer molido, se me va volviendo vaho blanquecino. El bulto del mundo, por vigas y vidrios, entra hasta mi cuarto, cubre madre y niño. Son todos los cerros y todos los ríos, todo lo creado, todo lo nacido… Yo mezo, yo mezo y veo perdido cuerpo que me dieron, lleno de sentidos. Ahora no veo ni cuna ni niño, y el mundo me tengo por desvanecido…
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