Ternura
121 Montaña Hijo mío, tú subirás con el ganado la montaña. Pero mientras yo te arrebato y te llevo sobre mi espalda. Apuñada y negra la vemos, como mujer enfurruñada. Vive sola de todo tiempo, pero nos ama, la montaña, y hace señales de subir tirando gestos con que llama... Trepamos, hijo, los faldeos, llenos de robles y de hayas. Arremolina el viento hierbas y balancea la montaña, y van los brazos de tu madre abriendo moños que son zarzas. Mirando al llano, que está ciego, ya no vemos río ni casa. Pero tu madre sabe subir, perder la tierra, y volver salva. Pasan las nieblas en trapos rotos; se borra el mundo cuando pasan. Subimos tanto que ya no quieres seguir y todo te sobresalta. Pero del alto Pico del Toro, nadie desciende a la llanada.
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