Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

64 olga poblete Este hecho es importante en el desarrollo de su vida profesional, social y cultural, que va más allá del grado logrado en la Universidad de Columbia. En ella se abrieron y ampliaron sus valores humanos y su sensibilidad social, ya desarrollados desde joven, y se cimentaron sus primeras inquietudes por los derechos humanos y el respeto a la autonomía y autodeterminación de cada pueblo, cada país y su gente; por su incorporación a la educación, la cultura, la salud y el bienestar social, tan desarrollados en los grandes países, así como por el derecho a la paz y a la vida de toda persona, en un rotundo NO a la guerra. En 1973, tras el Golpe Militar y ya jubilada, fue suspendida de sus funciones como profesora ad honorem del Departamento de His- toria del Instituto Pedagógico. Fueron prohibidos y retirados de cir- culación sus libros, y ya no la llamarían a las escuelas de verano ni a dictar charlas ni conferencias. Era considerada un personaje peli- groso. A pocos días del Golpe, una delegación de Naciones Unidas vino a Chile a saber de la situación en que se encontraban algunos personajes de la vida nacional: el poeta Pablo Neruda, Luis Corvalán –presidente del PC–, Luis Figueroa –presidente nacional de la cut– y la maestra y pacifista Olga Poblete. Temiendo por su vida en esos días, traté de convencerla de que se fuera del país: «Madre… aquí en Chile, detenida o muerta, no es mucho lo que podrá hacer por nuestro país. Fuera de Chile sí, y mu- cho». Sin pensarlo dos veces, rápidamente me respondió: «Lo que yo pueda hacer afuera no es nada comparado con lo que puede signi- ficar que aquí me apresen o me maten, luchando por el regreso a la democracia en mi país. No me puedo ir, hijo». Conseguimos que mi madre se fuera a nuestra casita de Alga- rrobo por un tiempo, aunque a regañadientes, ya que en Santiago realizaba muchas actividades de solidaridad para las familias de los detenidos o afectados por las fuerzas de represión. Junto al mar, sin mayor opción pues estaba sin trabajo, empezó a ejercitar sus neuro- nas dedicándose, entre otras cosas, a reforzarles sus conocimientos de historia y geografía a hijos e hijas de vecinos modestos, para los cuales compró cuadernos, lápices, libros y mapas. Para ejercitar la memoria se dedicó a leer mucho y a aprenderse algunas canciones, entre ellas la estrofa de la Canción Nacional re-

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