Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
503 IV. Internacionalista y militante de la paz Nuestra América no quedó exenta de la marca libertaria. Sobe- ranía nacional y no intervención no eran consignas ajenas, se vivían en carne propia. En Caracas, los Cancilleres volvieron a condenar a Cuba y recomendaron la ruptura de relaciones que muchos go- biernos acataron, incluido Chile. Se trataba de yugular ese proceso revolucionario. Se multiplicaron los golpes militares. Los golpistas brasileños que en 1964 derrotaron al Presidente Joao Goulart, no vacilaron al apoyar los asaltos al poder constituido en Uruguay y Bo- livia y respaldar la escandalosa intervención de los ee.uu. en Santo Domingo. El departamento de Estado actuaba abiertamente, seguro de la docilidad de gobiernos reaccionarios y pro imperialistas: im- ponía Tratados leoninos en Panamá y, en Puerto Rico, Estado Aso- ciado, el socio mayor ordenaba represión y cárcel para los patriotas y pacifistas. Terminar con esta odiosa tutela y onerosa dependencia estimuló, sin embargo, la unidad de las fuerzas democráticas, fortaleciendo los movimientos sociales y políticos que reclamaban respeto a la sobe- ranía nacional y autodeterminación, y exigían paz para el desarrollo de sus pueblos. Tal como se expresó en Bandung, vientos huracanados recorrían el mundo. El huracán de la liberación nacional conmovía las es- tructuras y métodos colonialistas y trastornaba los planes y apetitos hegemónicos sobre los países más débiles. Así como en Cercano y Medio Oriente se había encendido el nacionalismo árabe, iguales conmociones agitaban África y América Latina. Este cuadro de nuevas situaciones no encajaba para nada en el esquema de la guerra fría, chocaba frontalmente con su concepción del método para conducir el mundo libre. El resultado fue agudizar día a día la tensión internacional. «Parece que hemos preferido los vicios conocidos del reaccionarismo, a los desconocidos peligros de la revolución, frente al dilema de estimular las fuerzas de renovación y cambio en media humanidad, o mantenerse a la defensiva hacien- do el juego al conservantismo y erigiendo diques a la libertad». A diez años del término de la segunda guerra mundial, ascendía a paso febril la pavorosa espiral armamentista nuclear. Quebrado el monopolio norteamericano con la bomba atómica que explotó
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