Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

488 olga poblete El lenguaje de la paz hubo que crearlo, como ocurre con todo instrumento nuevo que requiere ser descubierto. La oratoria de la época no calzaba con el estilo y espíritu innovador de esta militancia. En América Latina, al igual que en otros continentes, había co- mités nacionales por la paz con rasgos propios, pero comunes en lo fundamental. La militancia de la paz exigió mantener con ellos co- rrespondencia permanente. Tarea imprescindible, que iba más allá de la rutina secretarial. Los años cincuenta y sesenta estuvieron repletos de sucesos in- ternacionales que pusieron a prueba a pueblos y gobiernos por igual. Los estados de tensión y distensión internacional se sucedieron con caracteres que no podían pasar inadvertidos a los partidarios de la paz. Era parte de nuestra militancia el mantenernos al día no solo en el registro de sucesos, sino también estar alertas para desmontar el andamiaje que ocultaba la realidad y su relación con nuestra proble- mática chilena y latinoamericana. Contra la militancia de la paz se erguía la agresividad de un me- dio social desinformado y prejuiciado políticamente por el antico- munismo dominante y el violento rechazo a cuanto fuera indicio o síntoma de cambio. Así como hubo que fortalecer conocimiento y capacidades para actuar, fue preciso estar dispuestos a soportar odio- sas formas directas o solapadas de amedrentamiento, humillación y sanción. La jueza del Juzgado de Policía Local, la dirigenta de la Unión de Mujeres Chilenas, la abogada, la poeta, la sindicalista, la directora del Liceo de Niñas, la Alcaldesa o Regidora, el novelista, el siquiatra, los dirigentes de la ctch, luego cut, las estrellas periodísticas, las y los parlamentarios, todos quienes participaron en diversas instancias de dirección, organización y curso del Movimiento Chileno de Par- tidarios de la Paz, cumplieron esta militancia a cabalidad. Sin exagerado optimismo, ni pretensiones, este Movimiento le reafirmó a Chile que no estaba solo ni marginado del escenario mundial durante aquella difícil etapa de los años cincuenta y sesenta. La militancia de la paz nos dejó un fuerte y buen legado de fra- ternidad. Así hemos podido apreciarlo y valorarlo, particularmente en los años transcurridos desde el golpe militar del setenta y tres: una

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