Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

414 olga poblete en las charlas improvisadas en los pasillos o el restaurant, un África nueva, llena de vigor, con un extraordinario impulso a la acción, en posesión de fuerzas ya maduras, que reclaman con justicia el dere- cho a la dirección democrática y libre de sus propios asuntos. Como lo expresó Sehou Touré, delegado del África negra, en su discurso: «Reconocer nuestros derechos imprescindibles a la libre realización de nuestras aspiraciones políticas, económicas y sociales, es reducir los focos de conflicto y de rivalidad internacionales, es esforzar las oportunidades de la paz en el mundo». En la resolución tercera del Mensaje a la nu, están expresadas las aspiraciones no solamente de los pueblos que aun se mueven dentro de un cuadro administrativo colonial; están también expresadas las aspiraciones de los pueblos que vivimos una forma de coloniaje no declarado, pero no menos real. El problema de la dependencia, cada vez más asfixiante en que nos encontramos las naciones de América Latina frente a la presión poderosa de las grandes corporaciones y empresarios de los Estados Unidos es un fenómeno que incluso en las cátedras de Ciencias Sociales de la Universidad de La Sorbona, se analiza, se observa y se señala con objetividad y en toda la extensión de sus consecuencias. Ni animada con la mejor de las intenciones, puede una interfe- rencia extraña a una realidad nacional, ejercerse sin provocar dentro de aquella nación una desviación histórica, y un proceso de trastor- no y desequilibrio que puede recorrer toda la escala de grados de la violencia. Esto que es una verdad establecida, que un simple razona- miento permite verificar, se pretende sin embargo, desvirtuar, con- denar su discusión y análisis y denunciar como malévola agitación de subversivos extremistas cada oportunidad en que expresiones de protesta señalan los excesos del imperialismo en nuestra América. Los Partidarios de la Paz en América Latina, sabemos que los focos de conflicto se renuevan día a día en nuestros países, por el inconsciente abandono en que se dejan los problemas más urgen- tes que afectan a las enormes masas populares. Y menos salida aun tendrán nuestros gobiernos para resolver, ni siquiera en parte, las necesidades más elementales de la tragedia cotidiana del hombre de América Latina, si frente a imaginarias agresiones y necesidades mi-

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