Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

411 IV. Internacionalista y militante de la paz sistimos en que cese esta guerra, en que se efectúe la retirada de Corea de los ejércitos extranjeros en que se encuentre una solu- ción pacífica para el conflicto interno entre las dos partes de Co- rea con la participación de los representantes del pueblo coreano. Insistimos en que el problema sea resuelto por el Consejo de Seguridad en su composición íntegra, es decir, con los represen- tantes de la República Popular de China. Pedimos que cese la Intervención de las tropas norteameri- canas contra la Isla de Taiwan (Formosa) y que cesen las hostili- dades contra la República del Viet-Nam, acciones militares que también entrañan una amenaza de guerra mundial. Dije más arriba que la libertad de opinión y de discusión habla sido garantizada y respetada en el Congreso de Varsovia. Entre los pro- blemas alrededor de los cuales aparecieron las discrepancias, estaba éste de «que quién es el agresor en Corea». Se emitieron los puntos de vista, se cambiaron diversas argumentaciones, pero había un pun- to sobre el cual no podía existir para los verdaderos Partidarios de la Paz, sino la más estricta unanimidad, y éste era la necesidad del cese de la guerra en Corea y el retiro de todas las tropas extranjeras. La sensación de que el campo de guerra ya abierto en Oriente, puede provocar una conflagración mundial, está en la conciencia de todos; de ahí la necesidad de movilizar todos los esfuerzos de que seamos capaces, para que se abra de una vez por todas, el camino a la conciliación y la solución definitiva. El mundo mira con horror cómo se han desatado sobre el suelo coreano, los más extremos lími- tes de la barbarie. La prensa de Europa recibió con observadora frial- dad, indicación de desilusiones más profundas, las noticias que desde el Cuartel General de Tokio anunciaban las operaciones de arrasa- miento, los techos de bombas y los incendios con napalm. Muchos franceses y muchos italianos, no pudieron dejar de recordar las trági- cas etapas de la «liberación aliada», cuyas huellas aún hoy podemos ver en las ruinas de los puentes de Lyon y de las afueras de Roma.

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