Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
301 III. feminista Ochos de marzo en el régimen militar La justeza del juicio que emitió el Presidente de la República, Dr. Salvador Allende al saludar a la mujer chilena el 9 de marzo de 1972 respecto a su enorme trascendencia como fuerza movilizadora del cambio social y político, expresaba una concepción socialista refren- dada por la historia. El proceso revolucionario de Chile ya a fines de 1970 se engar- zaba en logros y avances reales a través de más de siglo y medio de evolución republicana que apuntaban progresivamente hacia trans- formaciones requeridas cada vez con mayor urgencia. Se buscaba la modernización de Chile en dirección a un orden más justo, equita- tivo, igualitario, solidario. Se requería terminar con las viejas fortale- zas del poder político y económico y dar paso a una sociedad abierta al cambio con adopción de medidas radicales. Las mujeres tenían un papel que asumir en este proceso revolu- cionario, grandes responsabilidades que significaban a la vez lograr sus propias reivindicaciones. Por el contrario, el golpe militar inició una regresión hacia las formas autoritarias de ejercer el poder político, usar la estructura so- cial, económica, cultural, en beneficio del esquema ideológico reac- cionario que emergía en Occidente desde fines de la Segunda Guerra con el signo del neoliberalismo o más bien el neoconservantismo. También el régimen militar reconoce a la mujer como una pode- rosa fuerza que es preciso ganar en su favor. Para organizar y movili- zar este apoyo femenino están los recursos de la Secretaría Nacional de la Mujer, la dirección de los cemas y sus apéndices sociales, las mujeres de las familias de todos los miembros de las fuerzas armadas, su alta oficialidad desde luego y el poderoso aparato estatal de propa- ganda a través de los medios de comunicación controlados, dirigidos y a su servicio. Esta tarea es la que los sociólogos Susana Levy y M. Lechner catalogaron como el «disciplinamiento de la mujer bajo el régimen militar». El autoritarismo no concibe a la mujer como suje- to que, consciente de las discriminaciones en su contra, conjugue su voluntad reivindicativa con el cambio social progresista. La ideología del patriarcado la ubica sujeta a dictámenes que, pretextando prote-
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