El crimen de la calle Nataniel: Testimonios, fotografías y documentos del caso que revolucionó la odontología forense en Chile
Cuando el Dr. Valenzuela llega a la casa de Beckert, más que la viuda, fueron los médicos que estaban allí quienes lo recibieron. Este les impuso de la orden. Los señores profesores se impusieron de ella; realizaron una breve pero viva conferencia en alemán, y el señor doctor Westenhöffer concluyó por decirle: Caballero, puede Ud. disponer del cuerpo del señor canciller Beckert, por completo. ― Únicamente el cráneo y el maxilar inferior es lo queme es preciso. Llevaré estas partes, si ustedes me lo permiten, a mi laboratorio. ― Puede Ud. hacer con el cráneo y el maxilar in- ferior del señor canciller, lo que guste. Repito a Ud. que, si el cadáver entero necesita, puede llevarlo. ― Repúsole amablemente Westenhöffer y; en alemán, dijo a su colega, el profesor Aichel: ― El juez lo manda... ― Así es... repuso Aichel, en alemán también. Y, los mismos dignísimos profesores, con sus pro- pias manos entregaron al señor doctor Germán Valenzuela Basterrica, el cráneo ennegrecido, y ceniciento del canciller, uniendo a esta entrega la del maxilar inferior. Antes de retirarse puedo entrevistar a la viuda de Beckert ― ¿Tengo el honor de hablar con la señora López? ― Natalia López Urrutia de Beckert... Su servidora. ― Mucho honor en conocer a Ud... Germán Va- lenzuela Basterrica. Con todo mi sentimiento, doy a Ud. mi pésame por la dolorosa desgracia que la agobia... ― Agradezco aUd.mucho, señor, su condolencia. ― ¿Pudiera, señora, tener Ud. la bondad de con- testarme algunas preguntas que la misión que en este instante desempeño, a nombre del cuarto juz- gado del crimenme obliga a hacer? ― No tengo inconveniente, caballero. Respon- der a Ud. lo que guste, siempre que me sea posible. ― Se trata de esto: — comenzó el Director de la Escuela de Dentística — de que Ud. me diga cuál era el estado de la dentadura de su señor esposo, don Guillermo. ― Guillermo... señor doctor, tenía varios dientes arreglados con oro y... ― ¿Y dónde le hicieron esos arreglos, señora? ¿podría decírmelo Ud.? ― Sí señor; en casa del dentista Denis Lay. ― ¿En el Portal Edwards, señora? ― Sí Doctor; en el Portal Edwards. ― Pudiera Ud. decirme: ¿le habían extraído al- gunas muelas al señor Beckert? ― Sí señor, le faltaban varias. ― ¿Me dijo usted que fue el dentista Denis Lay el que le hizo todas esas operaciones a su señor esposo? ― Sí señor; fue el doctor Denis Lay... El mismo que a mí me hizo algunas tapaduras. ― De manera... que al señor Beckert ¿le falta- ban varias muelas y tenía los dientes arreglados con oro? ― Sí señor. ― Y, dígame, señora: ¿perdonando usted tanta pregunta, ¿cuántos años tenía el señor Beckert? La señora, pareció recordar... ― Guillermo tenía 38 años... los iba a cumplir... ― No es preciso que usted se moleste en decír- melo! Meses más, meses menos... ¿No es verdad? ― Sí señor; treinta y ocho años. ― Bueno. Entonces usted va a tener la bondad de disculparme este interrogatorio que, de todos modos, tiene un gran significado. Valenzuela preguntó a qué hora serían los funerales el día de mañana. Los médicos le dijeron que a las 16:00 horas debería salir el cortejo desde la casa en la que estaban. Se comprometió a entregar el cráneo y la man- díbula a las 15:00 horas. (Alas, 1909) 106 EL CRIMENDE LA CALLE NATANIEL. Testimonios, fotografías y documentos del caso que revolucionó la odontología forense en Chile (1909).
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=