Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +
28 Lorena Nuestra preciosidad no radica en lo que somos, sino en lo que seremos cuando el hombre señales de su hermosura. La niña entra a la pieza. Tiene cuatro años. Su padre no ha regresado a casa. No ha regresado. Ni regresó. Ocho años más tarde, la misma niña, vuelve a entrar a la pieza, donde su madre guardó momentos antes una maleta. La niña toma un par de pantalones, que inmediatamente rellena con periódicos viejos. Hace lo mismo con una chaqueta. Años había esperado este reencuentro: lanzándose sobre aquel cuerpo, besó el rostro de su padre. Hundiendo sus labios en el papel. Hundiendo sus manos en el papel. Hundiendo su vientre sobre el papel. Hundiendo sus uñas sobre el papel. Hundiendo sus ojos sobre el papel.
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