Palabras para la memoria. Recinto poético para el nunca +
127 la violencia hilvana hogares imaginarios, va hacia el pozo como Sísifo a la montaña, la repetición y la paradoja ruedan hacia nosotros vivimos como borradores en el precipicio del alfabeto, inacabado silencio cuando el cadáver muestra su boca, la puerta se abre y abajo la yerba en la que te recuestas, vemos en el silencio de la ceguera que el lenguaje pertenece a los perros tanto esfuerzo para rehacer la vida, tanto esfuerzo en medio de la belleza y el horror, tanto esfuerzo para simular lo perdido, en el atisbo de los huesos se congela el aliento sobre las cosas, toda biblioteca es un grito escuché el aire antes del suspiro, empalmar lengua y escucha, posar el oído para adelantar lo que nos habla desde un lugar ajeno, algo camina desde otro tiempo, desgrana la carne en orlas y nos atrapa, surge percutiendo los tímpanos que se abren hacia los costados, la lengua toma lo que se cierne el encierro acerca su alfiler de entomólogo mientras la carne, en su insuficiente destreza, nos arrulla
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