QUIPOema
q. 190 una operación discursiva similar al epígrafe, la autora desmonta el discurso tradicional que separa los géneros del arte y el arte de la vida, al crear un libro que se desborda a sí mismo de múltiples formas. Encarna en su creación la estética del quipu a través de la conexión, el nudo, el tejer, el hilo y la semilla. Con este libro nos invita a sumergirnos en la alquimia cuántica de las creaciones poéticas de universos asombrosos, distantes, portadores de la paradoja de la vida, la muerte y su relación con la materia, el vacío y el cosmos. Un resultado de elementos familiares de nuestra propia existencia, incluyendo la historia personal, social y política; elementos humildes, menores y hasta abyectos, llamados por ella «arte precario». De esta forma, el arte de Cecilia Vicuña desafía los límites demúltiples maneras y diversos niveles. Como lectoras y lectores nos lleva a cuestionar la tensión entre oralidad y escritura, los géneros del arte (arte literario, artes visuales, artes musicales), el arte y la vida. Con ello nos pone incómodos e incomodas y nos interpela a pensar las categorías de lo que es el arte en sí, y a preguntarnos: ¿es esto arte? ¿qué es el arte? En QUIPOema estamos ante la oportunidad de abajarnos a la tierra, como diría Gabriela Mistral, y entrar al campo de juego trazado por su creadora-autora. Estamos invitades a no solo ser testigos, sino también partícipes del juego de la niña Cecilia con el polvo de estrellas de la poesía y el arte de sus basuritas, entrelazadas en un gran quipu, hilo de vida que emana de su consciencia. QUIPOema cierra con «Arte Precario», cuyas últimas palabras dicen: Los restos y basuras son el pasado que vendrá, lo que decimos de nos. Un objeto no es un objeto, es el testigo de una relación. El hilo no es un hilo, sino la unión de varias fibras. Una palabra comunica deshaciéndose. El brazo es la urdimbre, la trama es el mundo. La ciudad es el libro, y nuestros gestos en ella, la escritura.
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