QUIPOema
q. 178 Sin embargo, en QUIPOema la autora da cuenta de una cosmología donde el oído es un puente mediador entre el afuera y el adentro del ser, una transformación en espiral que le permite emprender el viaje iniciático-crea- tivo que incluye la escritura. El oído se constituye en un espacio intermedio desde donde transitar, esto es, un portal a través del cual se accede a «el surco vacío / para recibir / el palo erecto / del habla./ Atravesando cielo y tierra / el signo comienza./ Escribe desde abajo, viendo el borrar». Resigni- fica la tensión entre oralidad (oír-hablar) y escritura (signo-escritura), tradi- cionalmente planteada como una contraposición, como un campo de lucha entre ambas técnicas de la comunicación. En cambio, propone una conexión a través de la metáfora del tejido; del hilo, el quipu y el nudo que deja ambas técnicas enredadas y conectadas, para crear un futuro posible a partir de la acción creativa de la precariedad y la impermanencia de la oralidad. En QUIPOema estamos ante una nueva forma de entender la relación entre oralidad y escritura. Nos abre la posibilidad de pensar de otra forma la relación entre lenguaje y poder en las culturas del Sur, especialmente en América Latina. En el poema «La conexión» señala: «El arte de unir, la conexión viene de ned : unir, amarrar. / Su forma cero es nod , nodus , nudo. / […] / En Nahuatl uno de los nombres de dios es “del cerca y del junto”, Tloque Nahuaque». A través de un gesto genealógico recupera las huellas semánticas que arrastran las historias de las lenguas fundadoras de las distintas civilizaciones de la Tierra. En el poema «Tejer palabras» nos presenta una genealogía de palabras asociadas al núcleo semántico del título. La unidad de sentido poético se crea tanto a partir de la relación del poema con el resto del libro, como también a través de la contigüidad entre el título del poema «Tejer Palabras» y las palabras y expresiones metafóricas que tienen como núcleo significativo el de tejer y dar vida a través de las palabras Teks, Hilar, Filum, Pensar, Tan- tra, Sutra , Ching, Quechua, Watunasimi y Pizom Q’aqal. Teje así redes de sentidos que mediante una lógica conectiva, de contigüidades y paralelis- mos, nos entrega una interpretación alternativa a la de la «herida» abierta producto del choque entre la oralidad y la escritura en América Latina. Es importante tener en cuenta que es la primera vez que esta obra se publica en Chile y en castellano. Además, ocurre en la universidad en la que su autora estudió y en su tierra natal: la publicación de QUIPOema en Chile,
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